Hay lugares que parecen resistirse a ser descubiertos, y quizás por eso conservan esa magia tan difícil de encontrar hoy en día. En la comuna de Alto Biobío, provincia de Biobío, se esconde un rincón que durante años permaneció casi en secreto, conocido solo por las comunidades pehuenches que ancestralmente recorrieron estas montañas y por algunos aventureros que se animaron a desafiar sus difíciles caminos.
Nos referimos a la Laguna La Mula, un espejo de agua de origen subterráneo enclavado en medio de imponentes bosques de araucarias, dentro de la Reserva Nacional Ralco.

Un paisaje que parece de otro tiempo
Imagínate llegar hasta una laguna de aguas cristalinas que reflejan el imponente Volcán Callaqui, conocido por los pehuenches como “la blanca”. A su alrededor, araucarias milenarias extienden sus brazos hacia el cielo mientras lengas y ñirres completan un paisaje que transporta a otra era. La Laguna La Mula no es solo un cuerpo de agua: es un santuario de altura donde la naturaleza se muestra en su estado más puro.
El nombre de la laguna, menos poético de lo que el lugar merece, provendría de una mula que se accidentó en sus alrededores. Pero mucho antes de ese hecho, este lugar tenía (y tiene) un nombre en mapudungún: Ygül Lafquén, como se conoce al sendero que la circunda. Para la comunidad pehuenche, este espacio ha sido tradicionalmente un sitio ceremonial, lo que añade una capa de espiritualidad a su ya de por sí imponente belleza.
Qué ver y hacer en Laguna La Mula
La experiencia aquí es, ante todo, de conexión profunda con la naturaleza. Al llegar a la explanada conocida como Laguna Seca, donde termina el camino vehicular, te encontrarás con un área de picnic con algunos sitios techados y mesones de cemento. Desde ahí, la laguna está a solo unos cientos de metros, pero el verdadero tesoro está en recorrer sus alrededores.
El sendero Ygül Lafquén es un circuito que bordea completamente la laguna, con una distancia cercana a los tres kilómetros. No te preocupes: la señalización es frecuente y clara. Durante el recorrido, te adentrarás en un bosque andino patagónico donde las araucarias son las protagonistas indiscutibles.
Si tienes energía y ganas de una vista inolvidable, no puedes dejar de subir al cerro mirador. Desde la laguna parte una huella hacia la derecha que en unos treinta minutos de ascenso te regalará una panorámica de todo el sector, incluyendo el volcán Callaqui y la inmensidad de la reserva. Es el lugar perfecto para entender la magnitud de este rincón de la cordillera.
Para los amantes de las aves, la laguna es hogar de especies como el pinpollo, taguas, la gaviota andina y numerosas aves migratorias. Si visitas en un buen día de verano, incluso podrás darte un refrescante baño en sus aguas, eso sí, sin utilizar jabón ni bloqueador que puedan contaminar este frágil ecosistema.
Cómo llegar: la aventura comienza en el camino
Llegar a Laguna La Mula es toda una travesía, y parte de su encanto está precisamente en eso. El viaje comienza en Los Ángeles, la ciudad más grande como punto de referencia.
En vehículo propio: Debes tomar la ruta hacia Alto Biobío, pasando por Santa Bárbara y continuando hacia las comunidades de Quepuca-Ralco y Ralco Lepoy. Aquí viene la advertencia importante: los últimos tramos, especialmente una vez dentro de la reserva, son solo para vehículos 4×4 con buena altura y conductores con experiencia. Hablamos de caminos de tierra, trumao suelto y rocas filosas donde deberás avanzar con mucha paciencia. Desde la guardería de CONAF hasta la laguna hay unos diecisiete kilómetros, los últimos en ascenso.
En transporte público: Existe la opción de tomar un bus desde el terminal de Islalajacoop en Los Ángeles hasta el paradero Vilulcura. Desde ahí, deberás caminar o intentar hacer autostop, considerando que el camino es poco transitado.
Es importante que sepas que según información de CONAF, el acceso ha tenido modificaciones recientes, con tramos habilitados solo para trekking. Infórmate siempre antes de viajar.
Sugerencias de viaje
Cuándo ir: La ventana ideal va de diciembre a marzo, cuando el clima es más benigno. El resto del año, especialmente en invierno, la nieve puede hacer intransitables los caminos.
Tarifas y horarios: La Reserva Nacional Ralco abre de lunes a domingo, generalmente entre las nueve y las dieciocho horas. Los valores de ingreso para 2025 son de dos mil quinientos pesos para adultos nacionales, con liberación para niños hasta once años y adultos mayores sobre sesenta años. Los extranjeros pagan cuatro mil pesos.
Dónde alojar: Actualmente no se puede acampar junto a la laguna debido a un incendio que quemó las instalaciones años atrás. Existe la opción de acampar en Vegas de Ralco, a medio camino, pero debes pedir permiso a los habitantes locales. También hay un camping establecido en Ojo de Agua, poco antes de ingresar a la reserva.
Qué llevar: Agua, comida para todos los días, ropa de abrigo porque las noches son heladas incluso en verano, bloqueador solar biodegradable si piensas bañarte, y lo más importante: una bolsa para toda tu basura. En la reserva no hay servicios de recolección y debes traer de vuelta todo lo que llevaste.
Precauciones: La reserva es hábitat de pumas, así que sigue las recomendaciones de CONAF. Está totalmente prohibido hacer fogatas, no solo por el riesgo de incendios sino porque es un delito. Respeta los espacios de las comunidades pehuenches que realizan veranadas y recolección de piñones en el sector.
Hay lugares que te cambian por dentro. Laguna La Mula es uno de esos sitios que, a pesar del difícil acceso y la falta de comodidades, te recompensa con una paz que pocos rincones del mundo pueden ofrecer. Eso sí, cuando vayas, recuerda que este privilegio conlleva una responsabilidad: cuidarlo como el tesoro que es, para que las próximas generaciones también puedan maravillarse con sus aguas cristalinas y sus araucarias centenarias.