Si alguna vez te has preguntado dónde puede uno encontrar un bosque de palmas centenarias a diez minutos del centro urbano de Viña del Mar, la respuesta está en la Quebrada El Quiteño. Nosotros llegamos allí una mañana de primavera, cruzando el puente sobre el estero Marga-Marga, y en menos de lo que pensábamos ya estábamos rodeados de troncos grises y copas verdes que se elevaban por encima de los techos de las casas cercanas. No es un parque urbano convencional. Es un Santuario de la Naturaleza, declarado como tal en 1998, y alberga la tercera población más numerosa de palma chilena (Jubaea chilensis) del país, con más de 6.000 ejemplares.

Lo que verás

La palma chilena no es un árbol cualquiera. Crece lentísimo, puede vivir siglos, y su presencia aquí tiene algo de fósil viviente. Mientras caminas por el circuito de 2,93 kilómetros de la Quebrada El Quiteño, las ves agrupadas en las laderas de solana, intercaladas con matorrales de quila, colliguay y salvia. En los sectores más húmedos, cerca de los cursos de agua, aparece la nalca con sus hojas enormes, y helechos de los géneros Blechnum y Adiantum. Busca también el temu, una mirtácea que se encuentra en categoría rara de conservación.

Palmar El Salto

La fauna se deja notar sin hacer esfuerzo. El cururo, roedor endémico de Chile, deja montículos de tierra removida junto a los senderos. Si te quedas quieto cerca de las pozas, es probable que veas al sapito de cuatro ojos o escuches la rana chilena, clasificada como vulnerable por la UICN. Entre las más de 35 especies de aves registradas, el picaflor gigante es el más llamativo: su zumbido es más grave que el de otros colibríes, y su tamaño lo delata cuando pasa cerca.

Qué puedes hacer allí

El trekking es la actividad principal, y la buena noticia es que el circuito de la Quebrada El Quiteño tiene dificultad fácil y un desnivel acumulado de apenas 109 metros. Es apto para familias, para caminatas cortas y para quienes quieren desconectar sin exigirse demasiado. La ruta te lleva por el bosque esclerófilo, cruza pequeños cursos de agua y te permite llegar hasta la Poza de los Gringos, un remanso de agua clara que se ha convertido en el punto de descanso más conocido del sector.

Si buscas una experiencia más guiada, existen excursiones privadas que incluyen transporte desde hoteles, guía especializado e interpretación de flora, fauna y geología. Estas salidas suelen durar entre 6 y 8 horas, y te permiten recorrer con calma los puntos de mayor interés ecológico.

Cómo llegar

La ubicación es más accesible de lo que parece. Puedes tomar la Línea 1 del Metro de Valparaíso y bajarte en la estación El Salto. Desde allí, caminas unos minutos por calle Limache hasta el costado de la automotora Rosselot; cruzas el puente y sigues la ruta que te interna directamente en el bosque. La parada de bus más cercana es Calle Limache, 3865, a unos 4 a 6 minutos a pie de la entrada. La línea 203 (recorrido Aduana) tiene su terminal en El Salto, así que también es una opción directa si vienes desde Valparaíso o desde otros puntos de Viña.

Sugerencias para tu visita

Ve en primavera o en otoño. Las temperaturas son más suaves y el paisaje está en su mejor momento. Lleva calzado de trekking: aunque el sendero es de dificultad baja, hay tramos de tierra suelta y piedras. No esperes infraestructura de parque: no hay cafeterías ni baños dentro del santuario, así que lleva agua y provisiones. Respeta el entorno: estás en un área protegida que además fue afectada por los incendios de 2024. La recuperación ha sido notable, pero el ecosistema sigue siendo frágil. Si vas en auto, la referencia es calle Limache 3865, cerca del acceso a Camino Las Palmas.

Nosotros salimos de allí con la sensación de haber estado en un lugar que no pertenece del todo a esta época. Las palmas llevan siglos en esa quebrada, y ojalá sigan ahí mucho más tiempo. Tú solo tienes que cruzar el puente y caminar.

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