Cuando llegas a la playa de Anakena, en la costa norte de Isla de Pascua, lo primero que te envuelve es la calma. El sonido suave de las olas, la arena blanca de coral y el verde de las palmeras crean una postal que parece detenida en el tiempo. Pero hay algo más: a unos 150 metros de la orilla, erguido con una dignidad que sobrecoge, nos espera el Ahu Nau Nau.
No es solo una plataforma ceremonial más; es el lugar donde, según la tradición oral rapanui, desembarcó el rey Hotu Matu’a y su pueblo alrededor del año 400 d.C., dando origen a la cultura que hoy seguimos admirando. Estamos ante un espacio tapu, sagrado, y caminar por aquí es hacerlo sobre la memoria viva de una civilización.
Qué ver en el Ahu Nau Nau
Lo que hace único a este ahu es la conservación excepcional de sus siete moais. Mientras que la mayoría de las estatuas de la isla han sufrido el desgaste implacable del viento y la sal, las de Nau Nau quedaron durante siglos semienterradas bajo la arena coralina de Anakena. Esa capa natural actuó como una cápsula del tiempo, protegiendo detalles que en otros sitios son apenas visibles: líneas bien definidas en el rostro, clavículas marcadas, contornos del torso e incluso vestigios de tallados en la espalda.

Varios de ellos aún lucen sus pukao, los tocados cilíndricos rojos que coronaban sus cabezas. El conjunto fue restaurado entre 1978 y 1980 por el arqueólogo rapanui Sergio Rapu Haoa, un hito que devolvió el esplendor a este sitio y permitió que hoy podamos contemplarlo casi como lo vieron sus creadores.
La plataforma misma es una obra maestra de la ingeniería ancestral. Construida en al menos tres fases entre los años 1100 y 1400 d.C., combina distintos tipos de roca que aportan texturas y colores únicos. Aquí se encontró también un moai femenino y unos ojos de coral, hallazgos que subrayan la riqueza arqueológica del lugar. Un poco más allá, en lo alto del cerro, el Ahu Ature Huki te espera con su moai solitario, el primero en ser reerguido en tiempos modernos, en 1956.
Qué hacer en Anakena
La visita al Ahu Nau Nau se combina a la perfección con el disfrute de la playa. Anakena es una de las pocas playas verdaderamente arenosas de Rapa Nui, con aguas turquesas y cálidas durante todo el año. Puedes nadar, hacer snorkel y observar la fauna marina, o simplemente tumbarte bajo las palmeras que fueron traídas desde Tahití. Los quioscos locales te tentarán con empanadas de atún fresco y jugos naturales, ideales para reponer fuerzas frente al océano.
Si te apasiona la historia, tómate unos minutos para observar los detalles de los moais de cerca. Verás las manos sobre la panza, las orejas, los labios, la nariz: cada trazo es un testimonio del refinamiento artístico de los antiguos rapanui. Alrededor de la zona también se encuentran restos de casas-barco y otras estructuras que confirman que allí existió una aldea floreciente.
Cómo llegar
Llegar a Anakena es sencillo. Desde Hanga Roa, el principal poblado de la isla, se recorren unos 18 kilómetros por un camino bien señalizado que cruza la isla de oeste a este. En auto o moto, el trayecto toma alrededor de 25 minutos. Si prefieres un ritmo más pausado, puedes alquilar una bicicleta y pedalear durante aproximadamente dos horas, disfrutando del paisaje volcánico en el camino. También existen tours organizados que incluyen el traslado desde tu hotel y un guía bilingüe, una opción cómoda si prefieres no preocuparte por la logística.
Es importante que sepas que, desde 2022, el ingreso a los sitios arqueológicos del Parque Nacional Rapa Nui —incluido el Ahu Nau Nau— requiere ir acompañado por un guía local acreditado o un anfitrión rapanui. La playa en sí es de acceso público y gratuito, pero para acercarte a la plataforma ceremonial y comprender su historia en profundidad, lo mejor es contratar una visita guiada.
Sugerencias de viaje
- Protección solar: El sol de Rapa Nui es intenso. Usa protector solar, sombrero y lentes de sol, incluso si el día está nublado.
- Agua y efectivo: Lleva agua para hidratarte y dinero en efectivo para comprar artesanías o comida en los locales de la playa.
- Respeta el patrimonio: Está estrictamente prohibido tocar o subirse a los moais y a las plataformas. Son espacios sagrados y su conservación depende de nuestro respeto.
- Calzado adecuado: Aunque la playa invita a caminar descalzo, para recorrer los senderos hacia el ahu y otros sitios cercanos unas sandalias o zapatillas ligeras te serán útiles.
- Momento del día: Si buscas fotografías espectaculares, la luz de la mañana o del atardecer ofrece tonos dorados que realzan la figura de los moais contra el cielo.
Visitar el Ahu Nau Nau es mucho más que una parada turística. Es sumergirte en el origen mismo de Rapa Nui, en la leyenda de Hotu Matu’a y en la maestría de un pueblo que talló su historia en piedra. Cuando te despides de Anakena, te llevas la sensación de haber estado en un lugar donde el tiempo, la naturaleza y la cultura se abrazan de una forma irrepetible.