Caminar por la cubierta del Monitor Huáscar es como sostener una conversación con el pasado. Este monumento flotante, anclado en las tranquilas aguas de Talcahuano, región del Biobío, no es simplemente un barco museo: es el segundo acorazado a flote más antiguo del mundo.

Cuando caminamos por su cubierta, sentimos que cada plancha de hierro remachado guarda una historia. Y es que pocas embarcaciones en el mundo pueden presumir de haber tenido a tres comandantes caer en combate sobre su puente de mando: el peruano Miguel Grau, el chileno Arturo Prat y nuevamente un chileno, Manuel Thomson, todos ellos muertos en distintas acciones bélicas a bordo de esta misma nave.

El Huáscar es, por tanto, un santuario compartido, un lugar donde las glorias navales de Chile y Perú se encuentran y se veneran.

Monitor Huáscar
Imagen: PERIODISTA; https://www.flickr.com/photos/ramirogarcia/

Un poco de historia antes de subir a bordo

Para entender lo que vas a visitar, debemos retroceder a 1864. El 12 de agosto de ese año, en los astilleros Laird Brothers de Birkenhead, Inglaterra, se firmó el contrato para construir este buque torreta por encargo del gobierno peruano. Fue botado el 7 de octubre de 1865 y navegó bajo bandera peruana hasta el 8 de octubre de 1879, cuando fue capturado por la escuadra chilena en el Combate Naval de Angamos.

Luego de servir en la Armada de Chile hasta 1897, quedó fondeado frente a la actual Comandancia en Jefe de la Segunda Zona Naval. Durante décadas, permaneció como un testigo silencioso, sometido a pequeñas reparaciones que le permitían mantenerse a flote.

Fue en 1935 cuando abrió sus cubiertas por primera vez al público, pero la gran transformación llegó entre 1951 y 1952, gracias al empuje del Contraalmirante Pedro Espina Ritchie, quien impulsó su restauración integral para convertirlo en el santuario que es hoy. En 1971, una segunda restauración en ASMAR Talcahuano devolvió al buque su esplendor original, incluyendo su maquinaria y la famosa torre giratoria Coles.

Qué ver durante tu visita

Cuando subas a bordo, prepárate para un viaje de aproximadamente 45 minutos, siempre acompañado por guías especializados que te irán relatando los detalles de cada rincón.

La torre de artillería: Es el corazón del buque. Esta estructura cilíndrica de 37 toneladas alberga los dos cañones Armstrong de 300 libras, capaces de disparar proyectiles de 136 kilos. Originalmente, se necesitaban 16 hombres y 15 minutos para girar manualmente la torre y cubrir todo el campo de tiro. Podrás observar el grosor de su blindaje, que alcanza las 5,5 pulgadas (casi 14 centímetros) de hierro forjado.

El puente de mando y la torre de combate: Desde aquí se dirigieron las acciones más heroicas. Fíjate en las marcas de bronce en la cubierta, que señalan los lugares exactos donde cayeron los distintos héroes durante los combates.

La cámara del comandante: Un espacio cargado de simbolismo. En este pequeño recinto descansan juntos, en forma de retratos, los tres comandantes que murieron en el buque: Prat, Grau y Thomson.

La sala de máquinas y calderas: Hoy convertida en un oratorio y galería de retratos. Fue autorizada por el Arzobispo de Concepción en 1952, dándole al buque ese espíritu de lugar de veneración y no de simple trofeo.

El espolón: Asómate a la proa y observa esta estructura, diseñada para embestir y hundir otros barcos. Fue precisamente con este espolón con el que el Huáscar hundió a la corbeta chilena Esmeralda en el Combate Naval de Iquique.

Las cicatrices de la guerra: A lo largo del casco y la cubierta, encontrarás placas de bronce que marcan los impactos recibidos durante los combates, tanto de la artillería chilena como peruana. Cada placa cuenta una historia de fuego y acero.

Qué hacer en los alrededores

Aprovecha tu visita a Talcahuano para conocer la Caleta Tumbes, a pocos minutos del Huáscar. Es el lugar perfecto para almorzar: los restaurantes ofrecen pescados y mariscos frescos, con preparaciones típicas de la zona. La vista de la bahía, con los buques de la Armada de fondo, complementa la experiencia naval.

Si viajas con niños, el Museo Huáscar es una opción de entretenimiento educativo inigualable. Ver sus ojos abrirse al entrar en la torre giratoria o al bajar a las bodegas donde dormían los marineros es una experiencia que sembrará en ellos la semilla de la historia.

Cómo llegar

El Monitor Huáscar se encuentra en Avenida Jorge Montt S/N, en plena Base Naval de Talcahuano, frente al edificio de la Comandancia en Jefe de la Segunda Zona Naval.

  • En auto: Desde Concepción, toma la ruta hacia Talcahuano y sigue las señales hacia la Base Naval. Hay estacionamientos cercanos.
  • En transporte público: Varias líneas de microbuses te dejan a poca distancia. Las líneas 02AP, 02KD, 11CM, 14HT, 70KH y 80L tienen paradas cercanas. La parada más próxima es Gálvez, a unos 9 minutos caminando.

Información práctica y sugerencias de viaje

Horarios: El museo está abierto de martes a domingo. En la mañana, el último ingreso es a las 11:00 horas (cierre a las 12:00), y en la tarde, el último ingreso es a las 16:00 horas (cierre a las 17:00). Verifica siempre en su sitio web oficial, ya que realizan mantenciones programadas, como la que ocurre cada año entre abril y mayo.

Valores (solo pago en efectivo):

  • Adultos: $4.500 CLP
  • Niños (7 a 17 años): $3.000 CLP
  • Menores de 7 años: liberado
  • Adultos mayores y estudiantes con TNE: $1.000 CLP
  • Extranjeros: deben presentar pasaporte o cédula de identidad.

Recomendaciones:

  • Llega 10 minutos antes de tu hora reservada.
  • Usa calzado cómodo, ya que hay escaleras verticales y deberás embarcar en una pequeña balsa para acceder al buque.
  • No se permite el ingreso con mascotas, bolsos grandes, mochilas ni coches. Tampoco hay lockers ni baños a bordo (solo en la boletería).
  • Si no puedes viajar, el museo ofrece un tour virtual disponible en su página web.

En 1995, la restauración del Huáscar fue reconocida con el premio “Maritime Heritage Award” por el World Ship Trust, destacando su valor como testimonio histórico para Chile y Perú. Cuando estés allí, entenderás por qué. No es un barco, es un puente entre dos naciones.

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